Escuelas Parroquiales del Sagrado Corazón

Escuelas Parroquiales del Sagrado Corazón

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Ardua se hace la tarea de explicar el origen de nuestro colegio en pocos minutos, no obstante, esperamos que estas breves pinceladas ayuden a conocer la labor de D. José en esta barriada, que tuvo sus orígenes allá por el año 1868, gracias a las donaciones de tierras efectuadas por el alcalde Juan Fuentes, quien dará nombre al barrio hasta el año 1945, cuando pasa a denominarse del sagrado Corazón.

Su crecimiento fue vertiginoso; así, en 1940, su población superaba las 1500 personas. El número de niños era elevadísimo. Múltiples fueron las llamadas del Ayuntamiento al Ministerio de Educación solicitando unas escuelas públicas en la barriada, pero siempre cayeron en saco roto. La única enseñanza era impartida por particulares sin titulación, quienes gozaban de algunos conocimientos básicos. Utilizaban algunas de las habitaciones de sus casas como improvisadas aulas.

Uno de estos casos fue el de Castora Valencia, primer gran eslabón en el origen de nuestras escuelas. En su casa, la nº 26 de la Calle Norte, comienza la difícil tarea de formar personas, a la que se unirá D. José desde 1942.

Nuestro sacerdote había llegado a Olivenza en Octubre de 1933, para hacerse cargo de la parroquia de Santa María de la Asunción. Rápidamente palpa en sus carnes las necesidades de esta barriada.

Como gran “pescador” y organizador que fue, empieza a tender sus redes: inicia los cursillos de Acción católica, consigue que vengan a Olivenza nueve hermanas de la Compañía de María, con el objetivo de potenciar la educación… Estos y otros instrumentos le servirán para captar la ayuda de un grupo de jóvenes, quienes junto con castora serán el engranaje necesario para poner en marcha su obra.

Ya en 1942 Castora y Don José comienzan a trabajar codo con codo; ella impartía clases por la tarde; él, por la mañana. Todo acontecía en casa de Castora; “Empezamos con 15 niños, quienes traían sus improvisadas sillas, nosotros les procurábamos el material”. Tres meses más tarde el número ascendía a setenta; en 1944-45, atendían a 100 y el curso siguiente, a 210. Así fueron creciendo las escuelas, en las que D. José contó con la colaboración de miembros de Acción Católica y alumnas del colegio de la Compañía de María. Ante tamaño número de alumnos, Castora (hasta dónde llega la abnegación de esta mujer) consiente en dejar su casa, desplazándose a una anexa, con la finalidad de que todas las habitaciones sean empleadas como aulas.

El curso 1945-46 fue prolífico para la barriada. Nuestro sacerdote con escasos medios, en unos momentos de gran dificultad, da vida al Jardín de Infancia, la Cantina escolar, el dispensario y los talleres. Todo concienzudamente pensado: “educó desde pequeño, mantuvo, cuidó y atendió sanitariamente y les enseñó un oficio”. La influencia de Andrés Manjón sobre D. José, ávido lector, fue muy importante. El propio proyecto de las escuelas, iniciadas en 1949 y terminadas en una primera fase en 1953, es una réplica de las que propugnaba éste, “… con un jardín frente a las escuelas para potenciar la enseñanza activa”.

Al buen funcionamiento de las denominadas Escuelas Parroquiales contribuyeron, por este orden:

1.- Las Hijas de la Caridad, quienes estuvieron aquí hasta el 28 de diciembre de 1955. En sus primeros años se dedicaron en cuerpo y alma a erradicar el hambre y las enfermedades.

2.- Dominicas Terciarias, que llegan el 13 de marzo de 1956, permaneciendo 14 años haciendo el bien.

3.- La Ley de educación de 1970 obliga a las Dominicas a dejar paso a las Religiosas del Apostolado del Sagrado Corazón. “Con ellas llega una nueva concepción de la educación. Su objetivo era: enseñarles el mundo que les rodea por medio de actividades didácticas orientadas… Amenizando las clases. En general, procuramos que el niño encuentre un ambiente de cariño y confianza”.

Nuestro colegio fue pionero, desde su fundación en:

Foto de instalaciones del colegio- Implantar el Jardín de Infancia (1945). Decía D. José que “la educación debe empezar desde la cuna”.
– Crear los Talleres de bordados, alfombras, alpargatas y carpintería. “Es necesario formar a nuestros antiguos alumnos, que se conviertan en hombres de bien”.
– Potenciar la escuela de Adultos y Dominicales, persiguiendo “Hacer hombres, acabar hombres, lograr hombres cabales”.
– Implantar la Educación Especial, en 1970.
– Dar vida a la Escuela Hogar, de 1977 a 1988.

Toda esta ingente obra la consigue D. José Hidalgo Marcos con la rodilla (oración y fe) y con la pluma (constancia y firmeza), valores que transmitió a un barrio y a la Asociación de Antiguos Alumnos. Su fe le permitió, durante cinco décadas, atajar los problemas de la barriada: en la de los cuarenta, afrontó el hambre y las enfermedades (cantina escolar y dispensario); en los cincuenta, puso remedio a la falta de viviendas, consiguiendo la construcción de dos grandes bloques de pisos; En los sesenta, potenciando la formación profesional (construcción de edificios para talleres); en los setenta, procurando espacios de ocio (Tele-Club); en los ochenta, dirigiendo sus miras educativas hacia las familias más alejadas (Escuela Hogar).

Como se ve, nuestra escuela fue una célula embrionaria capaz de dar vida a grandes proyectos. El monolito que existe a la entrada del centro nos recuerda continuamente el lema de D. José: “No he venido a ser servido, sino a servir”.

Foto de instalaciones del colegio

En la actualidad, la Escuela es un Colegio privado-concertado con 6 unidades de Infantil subvencionada, 13 unidades de Primaria, 9 unidades de Educación Secundaria Obligatoria, 2 unidades de Minorías Étnicas y 2 unidades de Compensación Educativa, siendo un total de cuarenta y dos los profesores que intentamos tener claros los principios y valores que nos transmitió D. José para ser “maestros” de unos 635 alumnos.